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Lo insensato de Dios - PIV

Si quiere ganar el mundo, llévele el Evangelio  al pueblo judío primero

Esta es la paradoja favorita.  Es tomada de la prioridad que declara el apóstol Pablo cuando dijo: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente...” (Ro. 1:16a,b).  A todos los lugares a donde iba, Pablo primero visitaba las sinagogas.  Esto fue cierto en Salamina, Antioquía, Iconio, Tesalónica, Atenas, Corinto, Éfeso y en otros lugares, así está registrado en la Escritura:

1 - “Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos...” (Hch. 13:5a).
2 - “Ellos, pasando de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia; y entraron en la sinagoga un día de reposo y se sentaron...” (Hch. 13:14).
3 - “Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos” (Hch. 14:1).
4 - “Pasando por Anfípolis y Apolonia, llegaron a Tesalónica, donde había una sinagoga de los judíos.  Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos, declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo” (Hch. 17:1-3).
5 - “Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían” (Hch. 17:17).
6 - “Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección” (Hch. 17:18).
7 - “Y llegó a Éfeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos” (Hch. 18:19).

Hay alusiones a este orden de prioridades, incluso en el ministerio de Jesús el Mesías.  En Galilea, por ejemplo: “A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 10:5-7).

Más tarde instruyó así a sus discípulos judíos: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19).  Note la secuencia en estos dos pasajes de Mateo: en el capítulo 10 dice que primero hay que predicarle a Israel, y en el 28, que luego a las naciones.

De hecho, tal parece haber un paradigma incrustado en toda la estructura de la Escritura, que refleja la intención de Dios de bendecir al mundo a través de Israel.  Estos pasajes que citaré a continuación como un ejemplo, así lo declaran:

1 - “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:2, 3).
2 - “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus caminos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová” (Is. 2:2, 3).
3 - “Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria. Y andarán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento” (Is. 60:1-3).
4 - “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Am. 9:11, 12).
5 - “...  Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella” (Zac. 2:4b, 5).
6 - “Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén” (Zac. 2:10-12).

Para algunas personas, esto tal vez no tenga sentido, y se dirán: «¿Para qué gastar recursos en tratar de alcanzar al pueblo judío, cuando parece que son tan pocos los que responden?»  Y la respuesta es: «Porque Dios dice que así es como debemos hacer».

Este es otro aspecto de la paradoja: «Darle prioridad al grupo que menos está respondiendo».  Tal cosa parece bien necia, ¡hasta ilógica!  Pero ¿sabe qué?  Cuando obedecemos a Dios, Él nos bendice, su Palabra así lo demuestra, que “lo insensato de Dios es más sabio que los hombres”.

Los expertos en misiones nos dicen que la tasa mundial de nacimientos hoy, supera con creces la tasa de nacimientos espirituales.  Es decir, que nacen muchas más personas a una velocidad mucho mayor, que la que estamos ganando almas para el Señor, ¡de tal manera que estamos perdiendo terreno con cada día que pasa!

Así ha sido por mucho tiempo.  Por lo tanto, todo demuestra que la estrategia actual de la Iglesia en las misiones mundiales, claramente no está funcionando.  Esto, a pesar del hecho que hay más misioneros en el mundo hoy, y más organizaciones misioneras que en ninguna otra época de la historia de la Iglesia.

Alguien ha dicho que la definición de locura es hacer la misma cosa una y otra vez y esperar un resultado diferente.  Por lo tanto, todo indica que nuestra obligación como cristianos es hacer del evangelismo judío una prioridad en nuestras iglesias y esperar por lo que Dios hará.

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