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De la ciudad de perdición a la de salvación - 2

¿Qué  sabes  Esteban  acerca  de  nosotros?

Esta fue la pregunta de los hombres que han invitado a Esteban a conversar de la verdad.

«Nosotros todos éramos colaboradores del Salvador, de Jesucristo.  Por eso lo que te diremos no será para engañarte sino justamente para librarte de cualquier engaño, del cual deseas librarte.  Nada mejor que cada uno de nosotros te conteste la pregunta que le corresponda mientras tú las formulas».

Esteban  tiene  una  serie  de  interrogantes

1. «Deseo que el Sr. Mateo me diga si es cierto que María, la madre de Jesús es la madre de Dios y que nunca pecó»

Mateo interviene y le dice a Esteban: “Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer. Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Mt. 1:24, 25).

2. «¿Y cómo es que en la ciudad corrupción siempre me dijeron que Jesús era el Hijo único de María?»

«Entonces, tal como es el oficio de la corrupción, te engañaron», dijo Mateo.  Luego continuó hablando: «Te puedo dar incluso los nombres de sus otros hijos.  Ellos se llamaban Jacobo, José, Simón y Judas.  Queremos que sepas que Jesús no era hijo de José, porque fue engendrado por el Espíritu Santo, mientras que todos los otros, tanto los hijos como las hijas de María eran de ambos, José y María».

Pero... «¿Por qué a mí me enseñaron siempre que María fue concebida sin pecado original y que luego de dar a luz a Jesús no tuvo más hijos?» 

«Lo que ocurre es que para ser una ciudad CORRUPCIÓN, hay que engañar, mentir, tergiversar y desviar a los pecadores de la verdad», concluyó Mateo

Ahora Esteban formula otra pregunta:

3. «A mí me aseguraron que ella no necesitaba Salvador, porque no tenía un sólo pecado».  Entonces ahora Lucas le dijo a Esteban: «Permíteme responder a tu pregunta con las palabras de la misma María, aquí van sus palabras en Lucas 1:46-48: “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva; pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones”.

Piensa por un momento estimado amigo Esteban.  Si María era sin pecado, tal como lo fue nuestro Señor, por qué habla de sí misma como que se regocija “en Dios mi Salvador”

Nota bien que ella admite que el bebé que había de nacer, era su Dios y su Salvador.  Además, esto no es todo, porque también dice que él “ha mirado la bajeza de su sierva”.  ¿Es posible que una mujer que no tuvo pecado tenga alguna... “bajeza”?

Esteban  se  disculpa  y  solicita  despejar  algunas  dudas

En la ciudad de Perversión me han engañado más de una vez, por eso les pido que, por favor, no me engañen ustedes también».

Se  levantó  Pedro  y  pidió  la  palabra

Los demás, incluyendo Esteban deseaban escucharlo.  Fue aquí cuando Pedro le dijo:
«Esteban, tú necesitas dar el mismo paso que nosotros dimos.  Y... ¿cuál es ese paso?  Cada uno por sí mismo decidió abandonar su confianza a las obras de la ley de Moisés y por la gracia divina fuimos eternamente salvos.

Cuando se comenzó a predicar las Buenas Nuevas, hubo mucha oposición, pero nosotros tuvimos que ser valientes y depender de nuestro Salvador.

El Concilio de los jerarcas religiosos nos llamó para prohibirnos seguir hablando de Jesús, eso leemos en Hechos 4:11, 12: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”.

Lo que no sabían los miembros de ese Concilio era que el Espíritu Santo, no nosotros, se había encargado del trabajo que el Señor nos mandó.
Como si esto fuera poco, en ese Concilio nos dijeron que debíamos callarnos. 

Por eso Lucas escribió en Hechos 4:18-22: “Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús. Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído. Ellos entonces les amenazaron y les soltaron, no hallando ningún modo de castigarles, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad, tenía más de cuarenta años”.

Nosotros deseamos que tú sepas, Esteban, que nunca estarás solo, especialmente cuando intentes conducir a cuantos puedas a la ciudad de Redención...

4. Pero...  ¿Quién  les  enseñó  todo  cuanto  saben?

«Fue el mismo Señor quien nos encontró, nos llamó, nos enseñó y finalmente nos envió para que compartiéramos el mensaje de la vida eterna y el perdón de pecados.

Queremos que notes, Esteban la lista de quienes el mismo Jesús instruyó, a fin de que no piensen que cualquier individuo que se presente como Su apóstol, ustedes le crean. 

Esta es la lista en Mateo 10:2-4: “Los nombres de los doce apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano, Jacobo hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó”».

Nuevamente Esteban

5. «¿Por cuánto tiempo anduvieron ustedes con Jesús para aprender tantas cosas»?

Bueno... Alrededor de 3 años y medio.

6. «¿Dónde tenían su centro, Seminario o Instituto para estudiar?»
«Estás equivocado Esteban», ha dicho uno de ellos, «el recinto donde estudiábamos era Israel, su territorio nos servía de piso y el cielo de techo.  La audiencia siempre cambiaba.

Tuvimos cojos, ciegos, leprosos, paralíticos incluso algunos que ya habían muerto.

Nosotros presenciamos cómo los cojos andaban, los paralíticos se sanaban y también se movilizaban por sí mismos, los ciegos veían, los leprosos eran sanados y varios muertos resucitados cuando el Salvador ordenaba al cadáver que se levantara y éste le obedecía.  Un caso verdaderamente conmovedor y que nunca olvidaremos es el de la familia de tres miembros en Betania.  Se trataba de María, Marta y Lázaro.  Este caballero había muerto hacía ya 4 días.  El Señor se acercó a su sepulcro y le dijo: “¡Lázaro, levántate!”.»
Continuará...

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