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La teología del reemplazo - P 4

Al examinar cuidadosamente las Escrituras, podemos comprobar que todas las referencias a Israel, aún en el Nuevo Testamento, aluden siempre a Israel y NO a la Iglesia, excepto en los casos en que se le incluye específicamente.  Ninguna promesa en la Biblia hecha a Israel y al pueblo judío es figurativa, ni debe ser aplicada únicamente a la Iglesia.  Las promesas y los pactos son literales, muchos de ellos eternos y otros condicionales, y nosotros los cristianos podemos participar de algunos de ellos cuando experimentamos el nuevo nacimiento.  ¡No tenemos por qué tratar de arrebatarle eso que sólo concierne a los judíos!

El Nuevo Testamento al referirse a nuestra relación con Israel y sus pactos, dice de la siguiente manera:

 Por ejemplo, en Romanos 11:17, que hemos sido “injertados”.

 En Efesios 2:13, que hemos sido “hechos cercanos”.

 En Romanos 4:16 que somos descendientes de Abraham por la fe: “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros”.

 En Romanos 15:27, que hemos “sido hechos participantes”.  La Iglesia no ha reemplazado a Israel, a pesar de sus intentos por suplantarlo.  En conformidad con el propósito de Dios, los cristianos gentiles hemos sido unidos a Israel, porque Dios NUNCA quebrantó las promesas que le hiciera a Israel: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:29).

Hay algo que está claro, el Nuevo Testamento fue escrito por judíos, pese a todo ha sido utilizado por gentiles antisemitas, incluso por cristianos, para apoyar esta tesis.  Dicen que incluso hasta el mismo Señor Jesucristo atacó a los judíos.  A pesar de que en momentos determinados las críticas del Señor fueron fuertes, estaban dirigidas a cierto grupo o secta de judíos en particular debido a algunas prácticas que requerían corrección.

Por ejemplo, aunque Jesús les habló duramente a los fariseos, también dijo de ellos: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos.  Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mt. 23:2, 3).  Él se preocupaba porque se jactaban en su autojustificación, de lo cual todos debemos igualmente cuidarnos.

La prueba absoluta de la Biblia

Pese a todo lo dicho, el Pacto de Dios está aún vigente, y la Biblia es muy clara al respecto:

1. Los judíos son israelitas, no gentiles, y para ellos son las promesas.  Así lo dijo claramente Pablo: “... Los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas” (Ro. 9:3b y 4).

2. El llamamiento de Dios es irrevocable: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:29).

3. Hay setenta y siete referencias específicas a Israel en el Nuevo Testamento, y ninguna de ellas podría aplicarse a la Iglesia.  Si uno trata de intercambiar la palabra “Israel” por “Iglesia”, el pasaje se torna sin sentido y hasta ridículo.  Por ejemplo, Romanos 10:1 dice: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación”.  Si se pone “Iglesia” en lugar de “Israel”, leeremos así: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por la (Iglesia), es para salvación”.  ¿No le parece esto absurdo y redundante?  La Iglesia es el cuerpo de creyentes salvos.  ¿Cómo entonces Pablo iba a orar para que la Iglesia fuese salva?

4. El Salmo 105 contiene siete afirmaciones de Dios, en las que promete entregar la tierra de Canaán a Abraham y a sus descendientes.  Esas promesas son eternas, al igual que las de Génesis 12:1-3, cuando “... Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra” (Gn. 12:1-3).

5. El profeta Jeremías habla de la cualidad eterna que tienen las promesas de Dios respecto a Israel y el pueblo judío.  Perdurarán todo el tiempo que alumbre de día el sol, y la luna y las estrellas de noche: “Así ha dicho Jehová, que da el sol para luz del día, las leyes de la luna y de las estrellas para luz de la noche, que parte el mar, y braman sus ondas; Jehová de los ejércitos es su nombre: Si faltaren estas leyes delante de mí, dice Jehová, también la descendencia de Israel faltará para no ser nación delante de mí eternamente. Así ha dicho Jehová: Si los cielos arriba se pueden medir, y explorarse abajo los fundamentos de la tierra, también yo desecharé toda la descendencia de Israel por todo lo que hicieron, dice Jehová” (Jr. 31:35-37).

6. Las profecías que hablan del retorno de la Casa de Jacob a su tierra Israel, y de la restauración de la nación, han tenido un cumplimiento extraordinario durante los 120 años pasados, tales como estas pocas que citaré a continuación:
- “Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar. Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra” (Is. 11:11, 12).
- “Mas vosotros, oh montes de Israel, daréis vuestras ramas, y llevaréis vuestro fruto para mi pueblo Israel; porque cerca están para venir. Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados. Y haré multiplicar sobre vosotros hombres, a toda la casa de Israel, toda ella; y las ciudades serán habitadas, y edificadas las ruinas. Multiplicaré sobre vosotros hombres y ganado, y serán multiplicados y crecerán; y os haré morar como solíais antiguamente, y os haré mayor bien que en vuestros principios; y sabréis que yo soy Jehová” (Ez. 36:8-11).

7. El Señor Jesucristo y el Evangelio, eran primeramente para el judío y después para el griego: “A estos doce envió Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 10:5-7).

8. Gálatas 3:28 dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”, pero esto se refiere a la posición que ocupamos delante de Dios, porque todos somos pecadores salvados por su gracia y por la sangre redentora del Señor Jesucristo.  Sin embargo, el papel de Israel y de la Iglesia son distintos, así como existen diferencias entre las responsabilidades asignadas al hombre y a la mujer, a los padres y a las madres, etc.
Continuará....

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