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Cuando la oración no es la solución - P2

En nuestra columna anterior vimos al final cómo los hombres de Josué han sido derrotados y esto sucedió por algún motivo, ¿cuál será?

JOSUÉ  SE  PONE  A  ORAR

“Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová!  ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan?  ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?” (Jos. 7:6-9).

1) Josué hizo lo que uno esperaría, porque él no sabía cuál era el problema.  Para dramatizar el peligro, el “rompió sus vestidos y se postró en tierra sobre su rostro”.  Tanto él como “los ancianos de Israel; echaron polvo sobre sus cabezas”.  Este era un espectáculo que haría temblar de miedo a cualquiera y motivaría a hacer cualquier esfuerzo por unirse y clamar junto con los máximos líderes de toda esa congregación.

2) ¿Cómo oraba Josué? La oración de Josué la leemos en Josué 7:7-9. En pocas palabras, Josué dijo: «Jehová tú tienes la culpa de haber pasado a este pueblo el Jordán...

- Lo hiciste para entregarnos en manos de los amorreos...
- Hubiera sido mucho mejor quedarnos al otro lado del Jordán...
- Además, Señor Jehová, ¿qué será de mí como líder de este pueblo?, ya que hemos sido derrotados al comienzo mismo de una campaña que falta mucho para completarla.
- Si seguimos así, los demás pueblos que tenemos que conquistar, al enterarse de esta nuestra derrota borrarán nuestro nombre de la faz de la tierra...
- Además, Señor, ¿qué harás tú a tu grande nombre?»
Es como decirle a Dios: «Mira, Señor, si fracasamos nosotros, es porque fracasas tú también».
Podemos imaginar que mientras Josué oraba, a cada momento los ancianos decían: «Amén, sí, amén. Señor... Sí, sí, Dios del cielo y de la tierra. Dios de nuestros padres. Tú que nos sacaste de la esclavitud de Egipto... ¿Dónde estás ahora?»

3) La respuesta no se hizo esperar: “Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familias; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones; y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel” (Jos. 7:10-15).

Básicamente lo que el Señor le dijo a Josué es: ESTO NO SE ARREGLA CON ORACIÓN.

En segundo lugar, aunque era un hombre el que había pecado, Dios acusa a todos, diciendo... “Israel ha pecado”.

Es importante que el Señor se lo diga a Josué, porque era él, la persona responsable de localizar al culpable a fin de que fuese castigado.

No es posible arreglar las cosas con oración cuando la situación reclama ARREPENTIMIENTO Y OBEDIENCIA.

Debemos notar que todo cuanto el Señor le dice en los versículos que siguen, lo hace en plural, refiriéndose siempre a Israel como nación, culpándolos a todos, no a uno sólo:

• “Israel ha pecado” ...
• “Han quebrantado mi pacto” ...
• “Han tomado del anatema” ...
• “Han hurtado” ...
• “Han mentido” ...
• “Han guardado entre sus enseres”, todo esto aparece en Josué 7:11.

¿No estaría involucrada la idolatría en el pecado de anatema? 
“Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios; y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema” (Dt. 7:25, 26).

Muy llamativo lo que Dios le dice a su pueblo en Deuteronomio 13:17 y 18:19, 20: “Y no se pegará a tu mano nada del anatema, para que Jehová se aparte del ardor de su ira, y tenga de ti misericordia, y tenga compasión de ti, y te multiplique, como lo juró a tus padres... Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta. El profeta que tuviere la presunción de hablar palabra en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hablare en nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá” (Dt. 13:17; 18:19, 20).

El que comete pecado de anatema, indefectiblemente ha de morir... ¿Se aplica esto a lo que el apóstol nos dice en Gálatas 1?
Continuará...

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