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Una Iglesia Bíblica Misionera

  • Fecha de publicación: Miércoles, 18 Febrero 2026, 18:50 horas

Si tuviéramos que definir en pocas palabras a una Iglesia bíblica, fiel a la sana doctrina, diríamos como sigue: Una Iglesia no ecuménica, no carismática, una Iglesia que tiene por norma alejarse al máximo de todo cuanto es mundano, rechaza las tradiciones de los hombres, rechaza la comunión con grupos o Iglesias liberales en su teología.  Es una Iglesia que mantiene la máxima distancia de todo cuanto es mundano o parece serlo.  Esto ocurre con la música, el modo de vivir, el trato en sus negocios, sus relaciones con la familia, la ausencia total de todo vicio, la insistencia en doctrinas bíblicas tales como, el arrepentimiento, la conversión, el arrebatamiento de la Iglesia, el juicio venidero, la resurrección de los muertos, la separación del mundo y lo mundano.

Para una Iglesia verdaderamente bíblica, la Biblia siempre tiene la última palabra, y para los tales, no se trata de... «bueno, esa es su interpretación», porque las doctrinas bíblicas fundamentales, las no negociables, son bien claras en la Biblia.  Por ejemplo, la palabra arrepentimiento significa eso mismo, arrepentimiento.  Recibir a Cristo, significa eso mismo, depositar su fe (para la salvación) en Cristo Jesús y su muerte en la cruz para salvar al pecador.  El juicio de Dios, significa literalmente lo que la Biblia dice.  El arrebatamiento significa lo que significa la palabra y tal como la Biblia lo describe.  El regreso del Señor, que será sobre el Monte de los Olivos allá en Jerusalén, significa eso mismo, allá está ese monte y de ese lugar habla la Biblia.  ¿Usted dirá que esto es algo que requiere profundos estudios teológicos?  Un niño de 10 años puede entender todo esto sin problema alguno.  Más difícil es aprender a sumar, restar, dividir y ni qué hablar, resolver tantos otros problemas que el profesor plantea al alumno para que aprenda a pensar y a resolverlos.

Pero... ¿Cómo es una Iglesia liberal, a la cual usted no debe unirse?  Bueno, en primer lugar, sus reuniones o cultos, cada vez se parecen más y más a algo que no tenga nada de parecido a evangélico.  Habrá notado que la mayoría de los templos que tenían un letrero, por ejemplo... “Iglesia Bautista” o “Iglesia Metodista” y tantos otros nombres de alguna denominación, ahora generalmente dice... «Centro Cristiano de Adoración», «Adoración y Alabanza», «Iglesia Universal», etc.  Otro detalle que notará es que la parte central de un servicio dominical, es lo que ellos llaman «adoración y alabanza».  Casi en todas partes es lo mismo.  Toda la congregación permanece de pie, al frente hay casi siempre algunos jovenzuelos, mayormente mujeres, quienes “dirigen las alabanzas” con una serie de “canciones limonada” repitiendo una y otra vez las mismas siete palabras unas cuarenta veces.  Estas personas al frente dirigen todo.  Le dicen cuándo cerrar los ojos, cuándo abrirlos, cuándo levantar la cabeza, cuándo bajarla, cuándo levantar las manos y cuándo bajarlas, cuándo sentarse y cuándo volver a levantarse.  Es un ejercicio bueno para los que sufren de sobrepeso.  Estos movimientos pueden durar no menos de una hora.  Cuando ya todos están bien cansados, entonces “se le permite al pastor ofrecer una breve reflexión”.  No espere ningún estudio bíblico en profundidad, porque Satanás se enojaría mucho y entonces ese... “centro” volvería a parecerse de nuevo a una verdadera Iglesia cristiana.  Tampoco espere ver allí himnarios, ni órgano ni piano.  Lo que escuchará serán unas... “canciones” sin contenido alguno e instrumentos que le harán vibrar debido al volumen que tenga que aguantar; finalmente usted se sentirá torturado.  Pero no piense que quienes prefieren esto se sienten mal, pues si así fuera, echarían todo eso afuera o se irían a otra Iglesia. El ruido es uno de los contrapesos para que quien cobija sus pecados favoritos, y por un momento los olvide.  Además, quienes “hacen esa música” son famosos.  De manera que para no parecer tan cursi, es bueno pretender que uno entiende lo que los ignorantes (que serían los bíblicos) no pueden entender.  Puesto que la música es un arte, “el arte de combinar los sonidos” según su definición, algo parecido ocurre con la pintura.  Hay algunos expertos que tratan de entender una obra de algún destacado pintor.

Pero quienes somos profanos en este campo, no siempre nos conformamos con nuestra ignorancia.  Por eso queremos “opinar” también, sobre algo que no entendemos ni un pepino.  Es obvio que escuchar un coro, acompañado de órgano y piano o, mejor aún, de una orquesta completa, es algo que agrada a todos.  No se necesita mucho conocimiento musical para escuchar con verdadero deleite.  ¿Por qué, entonces, son tantos los que concurren a “conciertos de música cristiana”... tipo cumbia, salsa, rock y otros estilos “tropicales” que llegaron a ser tan parte de las modernas «alabanzas»?  La razón es muy sencilla.  Puesto que estos estilos tienen tanta demanda en el mundo, el cristiano liberal y carnal, realmente no quiere que lo reconozcan como regenerado, como no mundano.  Desea estar tan cerca del mundo y lo mundano como sea posible.  Como su vida todavía es mundana, desea alimentar sus bajas pasiones con quienes que no pretenden ser cristianos tienen en sus clubes, bailes, balnearios, etc.

¿Recuerda lo que dice Pablo allá en 2 Corintios 5:17? “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Cuando esas... “todas las cosas” no son “hechas nuevas”, la persona, siendo mundana, seguirá buscando lo que le es propio, lo mundano.  La nueva naturaleza que el Señor nos da, hace que aborrezcamos lo mundano y amemos lo divino.  Pero cuando, como que... nos hemos convertido, pero en el fondo lo que ocurrió es sólo que unimos nuestra membresía a una Iglesia, encontramos como propia toda la industria de Satán.  Pregúntese: «¿Deseo yo estar lo más cerca posible del mundo y lo mundano o prefiero la mayor distancia posible de todo aquello que ahora considero basura?» “Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Fil. 3:8).

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