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El profeta Abel

Hoy le vamos a plantear una pregunta enigmática: ¿Cómo puede un hombre que nunca habló mientras estaba vivo, hablarnos ahora que está muerto?   Sí, ese hombre es Abel.  En el recuento del libro de Génesis, no leemos que hubiese dicho algo, lo único que sabemos de él, es que “... Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (Gn. 4:2b-8).

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¿Cuántos días de la madre por año? - 2

Continuamos con la lista de ¿por qué la mujer merece tanto reconocimiento?

3. La Biblia habla también de una madre virtuosa y prudente.
Una de ellas se distinguió al punto de salvar la vida de su (borracho) esposo y de todos sus empleados, esto lo leemos en 1 Samuel 25:2-38.

• Los esposos Nabal y Abigail: “Y en Maón había un hombre que tenía su hacienda en Carmel, el cual era muy rico, y tenía tres mil ovejas y mil cabras. Y aconteció que estaba esquilando sus ovejas en Carmel. Y aquel varón se llamaba Nabal, y su mujer, Abigail. Era aquella mujer de buen entendimiento y de hermosa apariencia, pero el hombre era duro y de malas obras; y era del linaje de Caleb” (1 S. 25:2, 3).

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¿Cuántos días de la madre por año?

Mientras un día por año podríamos dedicarlo al papá, los 365 días deberíamos de dedicarlos a la mamá.  Existe un premio llamado... “Premio Nobel”.  Cada año hay un día cuando se otorga este premio a alguien, alguna figura que se haya destacado.  Tal vez se destacó en física, química, medicina, fisiología, literatura, paz y economía.

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No depende del que quiere

Bien podríamos incluir en la misma línea de la elección divina las palabras de Romanos 9:16: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.

Si tomamos como contexto Romanos 9:1-5: “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón. Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne; que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”.  Debemos notar que cuando Pablo dice que su amor es tal por los propios de su pueblo lo expresa así en Romanos 9:3, 4.

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¿Cuánto cuesta ser bíblico?

Buena pregunta para estos días cuando pareciera que casi nadie ya quiere ser uno de esos “cristianos bíblicos”, mucho menos si a esto le agregamos “fundamental”.  Pero... aunque esto parezca como que los bíblicos se están extinguiendo, es decir, que estamos en peligro de extinción (tal como se suele hablar de ciertos animales y plantas entre los protectores de los recursos supuestamente en peligro de desaparecer), no es esto lo que ocurre con los Bíblicos Fundamentales.  Más bien, pisamos terreno firme y las iglesias que tienen visión misionera, especialmente si el Pastor es un hombre convencido de la sana doctrina bíblica, verdaderamente consagrado a la causa del Señor, y que desde el púlpito proclama la inalterable doctrina bíblica, tienen todas las posibilidades de crecer.  No siempre el crecimiento será numérico, pero sí será un crecimiento en profundidad, donde pocos hermanos, pocas familias, están ahondando sus raíces en los principios bíblicos, porque un día, seguramente no muy lejano, estos hermanos serán usados por el Señor para alentar a otros muchos, cuando el sólo hecho de mencionar el nombre de Dios sea ilegal y penado con multas y luego incluso encarcelamiento. 

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De la ciudad de perdición a la de salvación - 2

¿Qué  sabes  Esteban  acerca  de  nosotros?

Esta fue la pregunta de los hombres que han invitado a Esteban a conversar de la verdad.

«Nosotros todos éramos colaboradores del Salvador, de Jesucristo.  Por eso lo que te diremos no será para engañarte sino justamente para librarte de cualquier engaño, del cual deseas librarte.  Nada mejor que cada uno de nosotros te conteste la pregunta que le corresponda mientras tú las formulas».

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De la ciudad de perdición a la de salvación

Imaginemos a un individuo que desea de todo corazón salir de la ciudad donde vive, cuyo nombre es la Ciudad de Perdición.  Llamemos a este personaje, Esteban.

Este caballero describe su ciudad como dominada por las drogas, el crimen, los asaltos, los robos, la injusticia y la más completa inseguridad.

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La angustia de Pedro ante el Salvador - 2

En la columna anterior hablamos sobre la experiencia de nuestro hermano, el apóstol Pedro.  Él, al igual que los demás condiscípulos suyos, afirmaron que incluso morirían en lugar de su Salvador y Maestro.  Pero cuando Pedro vio cuán seria se puso la situación y cuán cercana parecía la muerte del Salvador, se atemorizó y renunció a lo que él mismo había prometido.  No sólo eso, sino que pecó gravemente al perjurar, invocando sin duda el nombre de Dios, por temor a ser castigado también.

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La angustia de Pedro ante el Salvador

Uno de los relatos más tristes que hallamos en la Biblia es Mateo 26:69-75: “Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.  Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.  Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno.  Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.  Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.  Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.  Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.

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