De la ciudad de perdición a la de salvación - 3
- Fecha de publicación: Sábado, 25 Abril 2026, 16:43 horas
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Esteban decidió ser parte de la Ciudad Redención
Quiero saber más detalles acerca de esa ciudad eterna adonde van los redimidos, dijo Esteban.
Bien, lo primero que necesitas, Esteban, es ser salvo, que es lo mismo que ser redimido.
Estás equivocado, porque tanto la redención como tu lugar eterno es imposible comprarlos.
¿Por qué? Porque todo ya fue pagado.
Y ahora presta atención a esto, sería mucho mejor que tú mismo seas redimido, palabra que podemos substituirla... salvo para siempre. Aquí están los pasos que debes dar:
1. Recibe por la fe a Cristo Jesús como tu Salvador personal a fin de que llegues a ser hijo de Dios: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12).
Cuando tú decidas recibirle, Él te dará el Espíritu Santo y te perdonará todos tus pecados: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” (Ef. 1:13, 14).
En cuanto a si todos tus pecados Él te perdona en este mismo momento, es mejor que te lo diga nuestro hermano, el apóstol Pablo: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Col. 2:13).
2. Escucha estimado Esteban: ¿Crees que el Señor Jesús murió por tus pecados y así tomó tu lugar para perdonarte, ya que Él no tenía un sólo pecado?
¿Crees que la salvación no se vende y que cuantos lo hacen están engañando a cuantos desconocen la Palabra de Dios?
¿Crees que cuando llegue la hora de tu partida a la eternidad, tu destino eterno será la ciudad celestial?
¿Puedo llamarlos... “hermanos”? Ciertamente que puedes si recibiste a Jesús como tu Salvador.
Ahora deseo saber más de esa ciudad hacia donde me voy
1. Está en el cielo, donde también está Dios. Por eso Jesús llamó a ese lugar como... “la casa de mi Padre” y agregó que allí hay muchísimo lugar: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:1-3).
2. ¿Cuál es el tamaño de esa ciudad? Son 2.200 km., por cada lado, es un cubo. Podría permitir que un total de más de 40 mil millones vivan cómodamente. Para que tengas una idea, actualmente la población mundial es de alrededor de unos 8 mil millones. ¿Cuántos de estos han hecho arreglos para partir un día a la ciudad celestial? Nosotros no podemos saber cuántos son los salvos, pero el Señor sí, Él los tiene a todos bien identificados y está preparando el lugar para todos los suyos.
3. ¿Cómo se llega a esa Ciudad?
Por dos medios, pero no hay tal como “clase turística” y “primera clase” ni la... “ejecutiva”. Cuando hablamos de dos medios, nos referimos que por ahora muchos van de manera individual, ya que cuando mueren, abandonan el cuerpo, pero su alma va rumbo al encuentro con el Salvador.
¡Cuán importante es que todos estemos preparados mientras la muerte no nos sorprende!
Esto, hermano Esteban, te permite saber qué te ocurrirá cuando mueras. No tendrás que temer a la muerte, porque el Salvador, Jesucristo, ya la venció a favor de todos cuantos lo reciben por Salvador y Señor como leemos en 1 Corintios 15:53-57: “Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Con la resurrección del Señor, la muerte fue vencida para siempre, de modo que cuando su alma se separe del cuerpo, se va directamente a la presencia de Dios, mientras que su cuerpo vuelve a la tierra de donde fue tomado: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Ecl. 12:7).
¿Puede describirme un poco más la gran ciudad hacia donde voy?
Quien mejor nos la puede describir, es nuestro hermano Juan: “Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal… Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio” (Ap. 21:9-11, 21).
“En medio de la calle de la ciudad, y a uno y otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Ap. 22:2).
Si Dios permite tal vez millones partiremos simultáneamente en el rapto de la Iglesia: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Co. 15:51, 52).
¿Quiénes participarán de esta desaparición “misteriosa”? “Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, porque le llevó Dios” (Génesis 5:24).
¿Puede imaginar, hermano Esteban, lo que será vivir en un mundo sin que se pueda encontrar a un sólo verdadero cristiano?
Sabiendo todo esto, hermano Esteban, ¿No le parece que lo mejor que puede hacer es orar y hablar a otros del perdón divino aún disponible?
