Boletin dominical - 27/12/09
Al llegar el cierre de un año y comienzo del otro, nos sentimos con deseos de lograr lo que no hemos logrado en los doce meses pasados. No hay nada de malo en tener buenos deseos y ciertas esperanzas de que el próximo año será mejor que el que estamos despidiendo.
Ya sabemos que si “hasta aquí nos ayudó el Señor”, seguiremos dependiendo en adelante.
Como todas las otras fiestas cristianas, la celebración de Año Nuevo en occidente comenzó mucho antes que la Iglesia existiera. En el principio los romanos conmemoraban el comienzo del nuevo año, el primero de marzo. Julio César instituyó la celebración de Año Nuevo el primero de enero para honrar a Jano, el dios de las puertas y también de los comienzos, que según los romanos aseguraba buenos finales.
