Menu

La historia del amor de Dios

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”
(Juan 3:16).

La Biblia es la historia del amor de Dios.  Considere ahora el siguiente relato, que no solamente ilustra el amor de Dios por nosotros, sino que también ilustra qué significa ser cristiano: Había un padre que tenía dos hijos.  El mayor era un joven hacendoso y fiel, que trabajaba en los campos de su padre sin quejas ni rezongos.  Pero el menor era diferente.  Le gustaba divertirse, y a medida que iba creciendo no sólo resultó perezoso, sino también malo.  Desarrolló malos hábitos: bebía en exceso y derrochaba el dinero.  Se convirtió en causa de vergüenza para su padre.

Leer más ...

El profeta Abel (IV)

Adán y Eva tuvieron muchos hijos e hijas cuyos nombres no se mencionan en el libro de Génesis.  Caín obviamente se casó con una de sus hermanas.  Esto no era malo en los primeros días de la raza humana, porque el linaje genético no se había debilitado como hoy (Gn. 4:17-24).

Leer más ...

Un caballero llamado PAPÁ

1. El papá como VARÓN: La idea que los hijos tienen de su papá desde que comienzan a entender algo, es que él todo lo puede, puede proteger a toda la familia, puede proveer de todo cuanto se necesita, sabe prácticamente todo, resuelve todos los problemas.

En su condición de varón, hay unas cuantas cosas que el papá debe recordar:

• Debe tratar con ternura y paciencia a su esposa (1 P. 3:7).

Leer más ...

El profeta Abel (III)

La ofrenda de Caín

¿Qué diremos ahora respecto a Caín? ¿Es que acaso no creía en Dios? ¡Oh sí, sí que creía!  Era un devoto regular: “Y aconteció... que Caín trajo del futo de la tierra una ofrenda a Jehová” (Gn. 4:3).  Si hubiera sido miembro de una iglesia, lo habrían considerado como un hermano dedicado que ayudaba con sus ofrendas.  De hecho, podemos sugerir que hoy en día tenemos a muchos Caínes en las iglesias en todo el mundo.  Pero... ¿Cuáles eran las marcas de la religión de Caín?

Leer más ...

El profeta Abel (II)

Y Abel, movido por ese amor del Creador, quien le amaba tanto, tomó la mejor oveja de su rebaño y la sacrificó delante de Él como una prefiguración del Cordero de Dios, que “quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29b).  Por eso dice la Escritura: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (He. 11:4).

Por esto podemos ver, que el hombre recibió revelación incluso desde antes que se constituyera la nación de Israel, o que se le entregara la Ley a Moisés.  Por ejemplo: Adán vivió 930 años y murió sólo 243 años antes del diluvio.  Su nieto Matusalén, quien vivió por 243 años junto con Adán, murió el año del diluvio.  De tal manera que la revelación que Adán y Eva recibieron en el huerto del Edén, estuvo disponible de boca de los mismos protagonistas por casi un milenio y luego a disposición de parte de esos que los conocieron personalmente por casi otro milenio.  Noé y sus hijos pudieron haber conocido a Matusalén, quien a su vez conoció personalmente a Adán.

 Abel, el segundo hijo que le nació a Adán y a Eva era un profeta, tal como lo dijo el Señor Jesucristo: “Desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación. ¡Ay de vosotros, intérpretes de la ley! porque habéis quitado la llave de la ciencia; vosotros mismos no entrasteis, y a los que entraban se lo impedisteis” (Lc. 11:50, 51).  Y ofreció un sacrificio por fe en la Palabra de Dios.

 Enoc era un profeta, y profetizó de la segunda venida del Señor Jesucristo: “De éstos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos, y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Jud. 14 y 15).  Su rapto al cielo fue también un testimonio a los hombres: “Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios” (He. 11:5).

 Job fue un profeta y tenía comprensión de la resurrección del cuerpo y de muchas otras grandes verdades: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19:25-27).  Job vivió después del diluvio y antes de Moisés.

 Noé fue predicador de justicia.  Y durante 120 años, mientras estuvo construyendo el arca, fue un testimonio a su generación: “... Sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos” (2 P. 2:5b).

La ofrenda de Abel
Ahora, observe las características de la ofrenda de Abel:

1 - Abel presentó su ofrenda de acuerdo con la Palabra de Dios.  Había prestado atención cuidadosa a las instrucciones del Creador y no trató de modificar el plan Divino en conformidad con su propia forma de pensar.  Fue el padre de todos los que reconocen la Palabra de Dios como la única autoridad en asuntos de fe y práctica.  Entendía que sólo hay un camino para Dios y que esos que siguen las religiones falsas no serán aceptados.

2 - La ofrenda de Abel hablaba de su condición pecaminosa, reconoció su culpa personal y cuán indigno era al ofrecer un sacrificio que simbolizaba a Ese que sufriría en su lugar.  No pretendió ser un hombre justo, ni que Dios aceptara sus obras.  Reconoció que el pecado es algo muy serio delante del Creador, y que sólo puede limpiarse mediante la sangre y muerte del Señor Jesucristo.

3 - La ofrenda de Abel hablaba de la necesidad de sangre y muerte y era una semblanza de la expiación de Cristo: “Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel” (He. 12:24).

4 - Reconoció que sin muerte y derramamiento de sangre no hay remisión de pecados: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Ro. 6:23).  Ya que “...  sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (He. 9:22b).  La religión incruenta, sin sangre, es falsa.

5 - La ofrenda de Abel hablaba de la necesidad de sustitución.  El Señor Jesucristo recibió en su propio cuerpo el castigo que merecíamos, para que los creyentes recibiéramos su justicia.  Como profetizó Isaías: “... Por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores” (Is. 53:12b).  Y como dijo Pablo: “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Co. 5:21).

6 - La ofrenda de Abel hablaba de fe, no de obras: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella” (He. 11:4).

7 - Abel fue salvo por su fe, porque la salvación siempre ha sido mediante la fe sin obras: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Ef. 2:8, 9).  “Porque ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios, y le fue contado por justicia... Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Ro. 4:3, 5).  “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit. 3:5).

8 - La ofrenda de Abel hablaba de arrepentimiento.  Con el simple hecho de ofrecer el sacrificio ordenado por Dios, Abel demostró que se arrepentía del pecado, la religión falsa y las obras muertas.  El Señor Jesucristo nos enseñó que no hay salvación sin arrepentimiento, así lo afirmó en Lucas 13:3, 5: “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente”.

No fue el sacrificio lo que hizo a Abel justo delante de Dios, ya que Hebreos 10:4 dice: “Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados”.  Fue su fe lo que hizo su sacrificio apto, por cuanto estaba mirando anticipadamente hacia Cristo, la única ofrenda verdaderamente aceptable delante de Dios.  Abel no sabía nada de circuncisión, ni de bautismo.  La primera es una ordenanza para el pueblo judío, la segunda para los cristianos, pero ni la una ni la otra proveen salvación.  Sólo la sangre de Cristo hace eso, si estamos mirando hacia la Cruz, tal como hicieron Abel y Abraham.  Y sobre este último dijo el Señor: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (Jn. 8:56).  Es lo mismo que hacemos hoy los cristianos, cuando miramos retrospectivamente a la Cruz.  Ningún rito religioso, ni religión, puede conducirnos a Dios, sólo la confianza y aceptación en la obra consumada por Cristo.

Permítanos preguntarle: ¿Se ha colocado en el lugar donde estuvo Abel? ¿Se ha visto a sí mismo como un pecador culpable, condenado justamente por Dios? ¿Ha mirado retrospectivamente a través de los años por fe, tal como hizo Abel hacia el futuro, anticipando la Cruz?  No tiene necesidad de hacer ningún sacrificio ahora, porque Cristo ya hizo la ofrenda perfecta: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (He. 10:12).

Cuando celebramos la Cena del Señor, estamos recordando al Salvador, quien se interpuso entre el cielo y el infierno y tomó sobre Sí mismo el castigo que merecíamos por nuestros pecados.
Continuará...

Leer más ...

El profeta Abel

Hoy le vamos a plantear una pregunta enigmática: ¿Cómo puede un hombre que nunca habló mientras estaba vivo, hablarnos ahora que está muerto?   Sí, ese hombre es Abel.  En el recuento del libro de Génesis, no leemos que hubiese dicho algo, lo único que sabemos de él, es que “... Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató” (Gn. 4:2b-8).

Leer más ...

¿Cuánto sabe usted de estos dos hermanos?

Ellos son Caín y Abel

¿Cuántas religiones supone que hay en el mundo?  ¿Puede hacer una lista de ellas?  ¿Se sorprendería si le dijera lo fácil que es hacerlo?  Sí, ¡sencillísimo!  Actualmente hay solamente dos religiones en todo el mundo.  Estamos examinando lo que hace la religión con el problema más básico del hombre, el pecado, y sobre la pregunta de cómo el hombre puede obtener el perdón de sus pecados y la vida eterna. 

Aunque hay muchos nombres diferentes, y muchas prácticas religiosas distintas, hay sólo dos religiones básicas.  Una religión es la de Caín y la otra la de Abel, y ellas se encuentran en Génesis 4:2-7: “Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”.

Génesis es el libro de los principios, y aquí encontramos los comienzos de todas las religiones del mundo, en Caín y en Abel.  La religión de Caín es la religión de las obras, y la de Abel es la de la fe en un sacrificio, un Sustituto.  No hay otras.  Tanto si cree como Caín o como Abel.  Pensemos en cada una de ellas, y veamos si usted es como Caín o como Abel.

La religión de Caín

Primero pensaremos en Caín.  Génesis 4:3 dice que él llevó el fruto de la tierra al Señor, es decir, los resultados de su ardua labor como hortelano: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová”.  Debemos admitir que Caín no era un hombre perezoso, ¡él trabajaba, con el sudor de su frente!  En Génesis 3:19, Dios dijo que el hombre obtendría el fruto de la tierra trabajando duro: “Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”.  Esto fue exactamente lo que hizo Caín. Trabajó duro, volvió cansado de sus labores, pero al final obtuvo los frutos de su trabajo y los presentó al SEÑOR en un altar.

Pero había un problema.  Lo que Caín ofrendó a Dios no fue el precio de ninguna muerte. No había ningún animal que matar ni sangre derramada, ninguna vida entregada.  Lo que Caín había ofrecido era un sacrificio sin sangre.  De esta manera, Caín no estaba viendo la seriedad de la culpabilidad de su condición de pecador.  Estaba dando a entender que el pecado no es tan serio como para tener por consecuencia la muerte.  Es decir, que él no creía que era necesario el derramamiento de una vida.  El presentó lo mejor de su propio trabajo, pensando que… «Si hago lo mejor que pueda, Dios lo aceptará».

Hay mucha gente como Caín en el mundo.  Es muy común oír a la gente decir que cree que Dios le aceptará si hace todo lo mejor que pueda.  Muchos piensan que está bien tener sus propias ideas sobre cómo llegar a Dios y al cielo, como lo hizo Caín.  ¿Usted qué piensa? ¿Cree que es suficiente ser sincero y hacer lo mejor que pueda? Podría decir: «Después de todo, si hacemos lo mejor que podemos, ¿quién puede pedir más?»  Dios puede pedir más, porque Él es perfecto.  ¿Piensa que le ayudará el darle la vuelta a la página, esto es, arrepintiéndose y perfeccionando su vida?  Usted puede decir «borrón y cuenta nueva», pero si Dios no lo ha borrado no será olvidado ni pasado por alto.  A lo mejor usted es como esas personas que dicen que han limpiado sus vidas, o se han inscrito en una Iglesia o comunidad religiosa, o están siguiendo ciertas reglas para ser mejores personas.  Caín también hizo lo mejor que pudo.

Pero el pobre Caín tuvo que descubrir lo que otros, tal vez usted también, tendrán que descubrir.  Dios no acepta al hombre, aunque él haga lo mejor que pueda.  La gente todavía trata de alcanzar a Dios a través de las religiones de los hombres, religiones como la de Caín, religiones de obras.  Sus prácticas pueden ser diferentes, siguen diferentes reglas, pero sus ideas y enseñanzas contemplan la misma manera de ser aceptados por Dios, obras.  Por eso, todas las religiones del mundo son muchas variedades de la misma religión.

La religión de Abel

La religión de Abel es la religión de la sustitución.  Un cordero fue sacrificado y puesto sobre el altar para Dios.  La sangre brotó, un cordero tuvo que morir y ser ofrecido en lugar de Abel.  Dios dijo que había hecho “bien” y lo aceptó.  «Caín ofreció el sudor de su frente, pero este sudor no podía sustituir la sangre, del cordero», dijo alguien.  Es verdad, Abel ofreció una vida en lugar de la suya propia.  Él sabía que el pecado era una cosa seria, y que sólo la muerte podía pagar por esto.  ¿Cómo lo sabía?

Lea los primeros 7 versículos del capítulo 4 de Génesis otra vez, y recuerde que el Señor mató el primer animal en Génesis 3:21, para cubrir al hombre después de haber pecado: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”.  Creemos que Dios les enseñó la manera correcta de sacrificar.  Abel creyó lo que Dios había dicho, y en su fe ofreció mejor sacrificio que Caín, quien no creyó, pero trató de ir a Dios por su propio camino.

Desde Caín, los hombres han estado intentando ir a Dios por sus propios medios, tratando de encontrar el mejor camino para llegar al Cielo.

Abel creyó a Dios, y ofreció un mejor sacrificio que Caín.  Esto es lo que Hebreos 11:4 nos enseña: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella”.

Todas las ofrendas no son iguales, aun cuando sean hechas sinceramente.  Dios rechazó a Caín y aceptó a Abel, porque en la ofrenda de Abel hubo Fe, creyó en lo que Dios había dicho, y Obediencia, hizo lo que Dios dijo, lo cual probó que lo había creído realmente.  Lo más importante es que la ofrenda de Abel era una figura del gran ofrecimiento que el Señor Jesucristo haría un día en el futuro, en la cruz, dando Su vida como el Sustituto de todos nosotros.

Dios aceptó a Abel a causa de su cordero, que le sustituyó.  Y esto nos ilustra perfectamente cómo Dios puede aceptarnos, no por obras nuestras, sino por medio de un Sustituto.  En Juan 1:29 el Señor Jesucristo es llamado “el Cordero de Dios”.  Él es el Cordero de Dios, el Sustituto perfecto, que quita el pecado del mundo.

Entonces, ¿qué debe hacer si realmente quiere ser salvo?  No siga las religiones del hombre ni sus antiguas doctrinas.  No vaya en pos de los razonamientos humanos.  Ninguna de estas cosas le llevará a la vida eterna.  Recuerde: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Pr. 14:12).

No confíe en sus buenas obras o acciones religiosas.  Crea en las buenas noticias de Dios, el Evangelio, que Jesucristo murió por sus pecados, fue sepultado, y resucitó al tercer día.

Confíe solamente en Jesucristo, Él es el único que puede salvarle.  No hay otro Mediador, ningún otro puede estar entre Dios y usted.  El Señor Jesús es el Cordero de Dios, quien se sacrificó a sí mismo para pagar por sus pecados.  El sacrificio de Abel fue una clase de figura de lo que Cristo haría.  El sacrificio de Abel era sólo por fe.  La fe cree en la Palabra de Dios, y confía en el sacrificio que Dios ha establecido, y este sacrificio es el Señor Jesucristo.

¿Qué religión es la suya?  ¿La de Caín o la de Abel?  ¿Dice su religión: «Haz esto, haz lo otro, y serás salvo (a lo mejor)», o dice “CONSUMADO ES”?  No confíe en su religión o en sus obras por mucho tiempo, o acabará rechazado como Caín.  Más bien rechace estas cosas y confíe plenamente en el Señor Jesucristo y en lo que él hizo “una vez por todas” en la cruz por usted.  ¡Será verdaderamente salvo! 

Dios perdonará sus pecados y le dará vida eterna ahora mismo, si se arrepiente de ellos y viene a Él por Jesucristo: “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 P. 1:18, 19).

Leer más ...
Suscribirse a este canal RSS