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La angustia de Pedro ante el Salvador - 2

En la columna anterior hablamos sobre la experiencia de nuestro hermano, el apóstol Pedro.  Él, al igual que los demás condiscípulos suyos, afirmaron que incluso morirían en lugar de su Salvador y Maestro.  Pero cuando Pedro vio cuán seria se puso la situación y cuán cercana parecía la muerte del Salvador, se atemorizó y renunció a lo que él mismo había prometido.  No sólo eso, sino que pecó gravemente al perjurar, invocando sin duda el nombre de Dios, por temor a ser castigado también.

La angustia de Pedro ante el Salvador

Uno de los relatos más tristes que hallamos en la Biblia es Mateo 26:69-75: “Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se le acercó una criada, diciendo: Tú también estabas con Jesús el galileo.  Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices.  Saliendo él a la puerta, le vio otra, y dijo a los que estaban allí: También éste estaba con Jesús el nazareno.  Pero él negó otra vez con juramento: No conozco al hombre.  Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre.  Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.  Entonces Pedro se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente”.

Recibir a Cristo como Salvador

Si usted aún no recibió a Jesucristo como su Salvador personal, le diremos lo que le espera de aquí en más.  Cuando hablamos de “recibir a Cristo como Salvador”, no nos estamos refiriendo a una determinada ceremonia, como podría ser... la primera comunión, el bautismo o cumplir con algún voto, etc.  En el evangelio según San Juan 1:12, dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”.

¿Qué es Radio América?

Su función desde el punto de vista de equipo, es una emisora más de las tantas que existen por todas partes.  Tiene su potencia, frecuencia y modalidad.  Potencia, 5 KW; frecuencia, 1480 KHz (AM); está en el aire las 24 horas.

Su finalidad no es comercial, tampoco es únicamente cultural, no es una emisora comunitaria.

¿Conoce usted su Biblia?

Muy pocos cristianos conocen lo suficiente su Biblia como para no alarmarse frente a tantas cosas adversas que ocurren en todo el mundo. En Radio América, cuando ofrecíamos el servicio de noticias, de nuevo refrescábamos la memoria con lo desagradable y graves que son los titulares del día. Por un lado, muertes de hasta decenas de inocentes por bombas que colocan algunos grupos que demandan ciertos “derechos”. Por el otro, rehenes que fueron tomados por otro grupo que se autodenomina “Liberación”. También hay quienes tienden emboscadas aniquilando a cuantos puedan, o asaltando aldeas de gente pobre matando a cuantos encuentran. Tifón, lluvias que dejan miseria por doquiera, elevando las aguas hasta arrastrar a la muerte a humildes pobladores. Y no hablemos de drogas, asaltos a mano armada, el grave problema en el Medio Oriente, especialmente el cerco que parece cerrarse cada vez más en torno a Israel y su misma existencia como Nación.

¿Qué es el bautismo?

Comencemos diciendo qué no es el bautismo, bíblico, estrictamente neotestamentario.

1 - El bautismo no es un sacramento, porque no hace santo a quien se bautiza.
2 - El bautismo no limpia al pecador de sus pecados, esto lo hace el sacrificio de Cristo.

Protejámonos contra el engaño

Uno de los problemas más tóxicos para la fe de un cristiano y para su diario vivir con el Señor, es el engaño.  Por eso Él nos insta con estas palabras: “Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia, y a la prudencia dieres tu voz; si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Pr. 2:1–6).

Una Iglesia Bíblica Misionera

Si tuviéramos que definir en pocas palabras a una Iglesia bíblica, fiel a la sana doctrina, diríamos como sigue: Una Iglesia no ecuménica, no carismática, una Iglesia que tiene por norma alejarse al máximo de todo cuanto es mundano, rechaza las tradiciones de los hombres, rechaza la comunión con grupos o Iglesias liberales en su teología.  Es una Iglesia que mantiene la máxima distancia de todo cuanto es mundano o parece serlo.  Esto ocurre con la música, el modo de vivir, el trato en sus negocios, sus relaciones con la familia, la ausencia total de todo vicio, la insistencia en doctrinas bíblicas tales como, el arrepentimiento, la conversión, el arrebatamiento de la Iglesia, el juicio venidero, la resurrección de los muertos, la separación del mundo y lo mundano.

Echar el pan sobre las aguas

(Eclesiastés 11:1)

Examinemos algunas sorpresas a fin de entender mejor lo que leemos en Eclesiastés 11:1.  Tomemos los siguientes ejemplos:

1. Mirando por la ventanilla del ferrocarril, una niña sintió que había entrado en su ojo una partícula de carbonilla del humo de la máquina.
Como sea que la niña se quejase para librarse de lo que la hacía sufrir, de nada le sirvió.  Un caballero sentado cerca le ofreció su ayuda, pero la madre no aceptó, desconfiando de lo que podría suceder si el desconocido entraba en funciones.

Al día siguiente, después de una mala noche la niña tuvo que ser llevada al oculista, ya que su dolencia se había agravado en gran manera.
La sorpresa de la madre fue grande cuando vio que el oculista era nada menos que el desconocido del tren.

Muchas veces ocurre algo similar, tal como el caso de un médico que caminaba por una vereda de su ciudad y deseaba tomar agua, razón por la cual tocó el timbre de una casa y le sale a recibir una niña de corta edad, preguntándole si le podría ayudar en algo... «Sí hija mía ¿podrías darme un vasito de agua?» -«Perdone, pero no tenemos agua fría, sin embrago, hay leche ¿le gustaría tomarla?» -«¡Con mucho gusto!», le contestó el médico. -«¿Le gustaría más leche?» -«¡Sí, por favor!»  Así que el médico logró satisfacer su sed sin costo alguno.

Pasaron algunos meses y al mismo médico le tocó operar a una dama joven de apéndice.  Se miraron ambos y se reconocieron.  Ella se dio cuenta que él era el que tomó la leche.  También él reconoció que ella fue la que le sirvió.

Terminada la cirugía y ya dada de alta la paciente, cuando llegó el momento de pagar la cuenta, el balance que el médico dejó fue:  «Cuenta pagada con dos vasos de leche».

Vale la pena echar el pan al agua para hallarlo quién sabe cuándo y dónde.  Así que… “Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás” (Ec. 11:1).

Si alguna vez leyó este texto y no lo pudo interpretar, es exactamente lo que la niña hizo al darle ese vaso con leche fría al médico que la operaría algún tiempo después.

¿Imaginó ella que algún día a cambio de tan poco el médico le daría mucho más?  La cirugía no le costó nada.  Valió la pena echar el pan sobre las aguas.  ¡Cuántas veces habremos tenido una experiencia parecida sin siquiera darnos cuenta!

Lo que el autor de Eclesiastés nos dice es que no debemos ayudar a alguien si esperamos recibir más de lo que damos.

“Echar el pan sobre las aguas”, pensamos en un arroyuelo, donde algún animalito lo aprovechará, pero quien lo hace sabe muy bien que no recibirá ninguna recompensa por eso.

2. Vivía en la ciudad de Richmond un hombre bondadoso, conocido por el nombre de juez Marshall.  Siempre tenía cuidado de juzgar con justicia a todos los hombres con quienes tenía que tratar.  También era tan bueno como justo.

Una noche, yendo a su casa, pasó por un negocio donde un joven estaba blasfemando porque no podía encontrar a alguien que llevase a su casa un pavo que había comprado.  El juez se adelantó y le preguntó:
-«¿Dónde vive usted, joven?»

Le dijo al señor Marshall su calle y su número, no conociendo a quien le hablaba.

Cuando llegaron a la casa del joven, éste preguntó al juez cuánto le debía.
-«No me debe nada; no fue ninguna molestia porque tuve que pasar por la puerta de su casa.  Si en lo futuro puedo hacerle algún servicio, estoy completamente a sus órdenes.  ¡Buenas Noches!»

Cuando el juez se había ido, el joven, preguntó a su vecino:
-«¿Quién es ese anciano tan bueno?»
-«¡Qué! ¿No lo reconoció?» - contestó el vecino.  -«Es el juez Marshall, juez de la Corte Suprema de Estados Unidos».

Con frecuencia tenemos gratas sorpresas al encontrarnos con algún personaje, cuya ayuda podría sernos muy oportuna en caso de necesidad.

Ahora entendemos mejor lo que el escritor sagrado nos dice en Eclesiastés 11:1.

Saliendo de un tema a otro, queremos recordar que, aunque todos cometemos errores con mucha facilidad, es necesario que tengamos cuidado al mencionar nombres y términos bíblicos.  Por ejemplo, algunos hermanos quienes, en lugar de decir Juan, dicen Juam.  Es “ene” no “eme” al final.  Nunca una dama debe figurar como… “estudianta”, porque no debe ser así; también si estudiara canto, se diría que ella quiere ser “cantanta”.  ¿Le parece que está bien?  El hecho que los políticos llamen a la Presidente, por ser una mujer, diciéndole “Presidenta”, de ninguna manera significa que es nuestro deber imitar esos errores para no perder la ignorancia.

En los colegios, incluso en las universidades, existen cátedras del idioma español actualizadas.  De ser así, bueno sería que nuestros jóvenes estudiantes pregunten a sus profesores el cómo y por qué se toleran estos terribles errores en publicaciones de revistas y diarios.

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